Monte Pindo

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En una espectacular ubicación, una inmensa montaña escarpada y árida, rodeada de hermosas playas y el más peligroso de los mares, se sitúa este monte de misterios y leyendas. A sus pies se sitúa el tranquilo pueblo de O Pindo, el cual da nombre a este monte, Monte Pindo.

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El Padre Sarmiento aseguró que su nombre se debe a su semejanza con el Monte Pindo de Grecia, por ello es llamado el “Olimpo de los celtas”.

En este lugar, según la tradición oral, se celebraban cultos de adoración al sol, a los astros y a los elementos. Y es también donde los románticos sitúan su gran cementerio.

De él se dicen también cosas más terrenales. Como que sus laderas albergan infinitas plantas medicinales. Se comenta asimismo que la hierba crece de forma extraordinariamente rápida de la noche a la mañana. Y se afirma que los matrimonios estériles acuden aquí para tener descendencia. Hay también historias más reales y más tristes. Como las de los combatientes y huidos de la Guerra Civil, que encontraron refugio entre sus piedras. Mucho antes se hablaba del fabuloso tesoro de la legendaria reina Lupa, vinculada con la tradición Xacobea. Y existen numerosas historias sobre diversas fortalezas que se levantaron en la zona.

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Monte Pindo. Imagen de Casa San Cibrán

 

Pese a las contradicciones entre historiadores parece haber coincidencia en torno al castillo de San Jorge. Construido en el siglo diez por orden de Sisenando segundo, obispo de Iria Flavia. Tras pasar a manos de varios señores, fue derribado por las revueltas irmandiñas. Al margen de historias y leyendas, el Monte Pindo se alza entre las playas de Carnota y Ézaro. Lamido por las olas del océano y perfumado por el aroma de la brisa marina. Existen diversos caminos para acceder a él pero todos tienen un mismo objetivo. El punto más elevado. Seiscientos veintisiete metros sobre el nivel del mar y un nombre cuando menos curioso: el Pico da Moa. También uno de los más espectaculares miradores sobre la Costa da Morte. Y hasta llegar arriba, un fascinante recorrido que hará volar nuestra imaginación. Como en una película de miedo o en una novela de misterio nos sentimos vigilados. Quizás son los espíritus de los celtas que han tomado forma pétrea. Lo que es seguro es que vemos caras por todas partes. Algunas parecen haber salido de la paleta de Picasso. Otras nos observan con seriedad. Aunque también encontramos inmensas sonrisas que nos tranquilizan. Y enormes delfines que salen a nuestro encuentro. O majestuosos simios oteando el horizonte. Hasta que por fin nos topamos con el más famoso guerrero que estas tierras hayan visto nacer.Y junto a todos ellos, cientos de rocas extrañas, quebradas o apiladas que convierten a este monte en un lugar singular.

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Monte Pindo y Playa de Carnota

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Monte Pindo

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Monte Pindo. Imagen de Casa San Cibrán

 

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